La danza nos une

Huapangos del Pánuco, la interpretación de un danzón, bailables de Sotavento o Región donde sopla el viento, así como sones que permiten advertir la fusión del zapateado español con las danzas africanas y las nativas, conformaron el ensamble dancístico del estado de Veracruz, interpretado por la Compañía de Danza Folklórica de la UAM Azcapotzalco, durante el Primer Encuentro de Danza Folklórica La danza nos une, organizado por la profesora Violeta Chávez Valencia, directora del citado grupo artístico, y por la Sección de Actividades Culturales, adscrita a la Coordinación de Extensión Universitaria.

La ejecución de La manta, La bruja y La bamba, entre otros sones, permitieron disfrutar del talento y la habilidad de los integrantes para zapatear de manera enérgica sin perder el ritmo y la elegancia. La gran calidad de esta compañía los llevó a presentarse en la República Checa el año pasado, invitados por la Asociación Folklórica de ese país.

Durante su presentación en esta fiesta de la danza—efectuada durante cuatro días en la Plaza de la Cultura—, también ejecutaron sones jaliscienses, como el famosísimo Son de La negra, que siempre detona la emoción en ejecutantes y público.

En el citado encuentro, también participaron grupos dancísticos de diversas instituciones educativas y de la Alcaldía de Azcapotzalco, con coreografías que exhibieron la riqueza cultural del país.

Interpretando La bruja en la República checa

 

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Coquimbo 911, desde el Comando de Incidentes

POR JUAN MANUEL TIRADO JUÁREZ

Septiembre 19 de 2017. Nuevamente, la naturaleza sacudió a esta capital y a otras entidades cercanas. Apenas unas horas antes se había realizado el ceremonial para recordar lo ocurrido en esa misma fecha, 33 años antes. Los habitantes de la Ciudad de México y de ciudades y poblados aledaños fueron sorprendidos minutos después de la una de la tarde por un sismo de 7.1 grados que no fue detectado por la alerta sísmica pues su red de localización está ubicada en la costa del Pacífico de donde vienen con más frecuencia las oleadas telúricas, y como el epicentro estuvo a unos kilómetros de Axochiapan, Morelos, aquella se activó cuando las sacudidas ya dejaban sentir su energía.

A las cuadrillas de Protección Civil (PC) de la colonia Lindavista —situada al poniente de la Villa de Guadalupe—, les avisaron que se había dañado seriamente el edificio ubicado en el 911 de la calle de Coquimbo, en el perímetro de las calles de Sierra Vista, Callao y Pernambuco. Cuando el equipo encabezado por el jefe delegacional, Víctor Hugo Lobo Román, y el director de PC de la Delegación Gustavo A. Madero (GAM), ingeniero Aurelio Quiroz Estrada, se trasladó al lugar, ya había vecinos y policías tratando de prestar ayuda aunque por la gravedad de la situación tenían poca oportunidad de hacerlo: al edificio de siete niveles se le habían vencido los pisos inferiores y sobre éstos cayeron los de arriba y la mole de concreto se había inclinado hacia Coquimbo: la estructura estaba seriamente dañada.

El grupo de la GAM habilitó el Comando de Incidentes, que definiría las primeras acciones a emprender: la prioridad era el rescate de por lo menos once personas atrapadas, según cifras aportadas por los vecinos del inmueble, entre ellos, uno que salvó su vida cuando, irónicamente, salió a fumar un cigarro. Se delimitaron cuatro zonas para emprender el rescate sin poner en riesgo ni a los vecinos ni a los voluntarios que intentaban ayudar en las labores. Con el paso de los minutos también llegaron integrantes del Heroico Cuerpo de Bomberos, de  la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), de la Secretaría de Marina y de la Policía Federal, además de contar con el apoyo de la policía del sector y del gobierno capitalino.

Durante la charla Coquimbo 911, desde el Comando de Incidentes, ofrecida en la Galería del Tiempo de la UAM Azcapotzalco, Quiroz Estrada recordó que una vez acordonado el lugar con la ayuda de la policía, se planteó derrumbar una barda y una techumbre de la parte posterior del inmueble colapsado para acometer las acciones que se fueron definiendo desde ahí y desde la calle de Coquimbo. Asimismo, se solicitó a la Comisión Federal de Electricidad el retiro de un transformador y el cese de la corriente eléctrica de los cables que alimentan la zona. La delegación procedió a retirar los vehículos que estaban estacionados en las inmediaciones y se requirió a compañía Fenosa que cerrara las válvulas del gas natural que surten a las tuberías subterráneas.

Conforme corría el tiempo y se conocían los estragos del sismo fue llegando más ayuda, tanto de víveres como de insumos y de equipo especializado, así como de rescatistas de Guanajuato, Bogotá,  Colombia y Chile —entre éstos, varios equipos de la organización Topos—, de la UNAM y de Canadá, que cuentan con perros adiestrados en esas tareas. En las labores (que se extendieron por varios días), se usaron sofisticados equipos proporcionados por la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura, del IPN, para detectar el calor de los cuerpos; otro, de los bomberos colombianos que detecta los latidos cardiacos; un detector de teléfonos celulares, a cargo de la Policía Federal, en tanto que la delegación puso en operaciones un dron para estudiar el terreno desde arriba y así guiar las acciones siguiendo las instrucciones de los habitantes del lugar.

Era un grupo integrado por especialistas entrenados para realizar las complejas tareas que tenían enfrente; habría sido más difícil emprenderlas si se hubiera permitido que cientos de personas preocupadas por prestar su desinteresada ayuda estuvieran en el terreno de los hechos, acentuó Estrada Quiroz. El equipo de la demarcación, continuó, se puso al frente ante la intención de los militares de querer tomar el control, ganándose con sus acciones el respeto de todos los participantes, aseguró.

Los rescatistas se fueron abriendo paso entre las losas y estructuras: entraron en parejas por espacios muy reducidos, uno siempre detrás del otro, muy atentos a las necesidades que se iban presentando y listos para reaccionar en caso de que ocurriese un deslizamiento, un nuevo movimiento telúrico o una réplica, contando con una eventual ruta de escape o un sitio de emergencia para resguardarse. Se limpiaron de escombros las inmediaciones del inmueble para facilitar el acceso, se cortaron losas y varillas y se apalancaron los muros y los huecos con polines y gatos hidráulicos.

Pese a que se realizaban tareas muy complejas y delicadas puesto que no era cuestión sólo de abrirse paso con marros, martillos, picos, palas y taladros, hubo televisoras que aseguraban que nada se estaba haciendo por rescatar a quienes estaban atrapados, deploró. Esa falsa información también se lanzó al espacio cibernético a través de las redes sociales haciendo eco a las inexactitudes, rumores y mentiras propagadas por aquellos medios informativos.

Fue satisfactorio encontrar y rescatar con vida a la señora Virginia Camargo, nonagenaria, y, muchas horas más tarde, por la noche se escucharon ruidos cerca del cubo de las escaleras y del elevador. Todo se detuvo para oír de donde provenían: prácticamente a mano, los equipos especiales se fueron abriendo camino hasta llegar con el señor José Luis Yescas, aunque antes se encontró el cuerpo de su hija Marisol, comentó. El señor Yescas fue bajado y luego conducido por la Cruz Roja al hospital Magdalena de las Salinas. Virginia y José Luis fueron las dos únicas personas rescatadas con vida, además de un loro llamado Lucas.

Las labores continuaron dentro del plazo de las 72 horas marcadas por el protocolo internacional para empezar a remover los escombros con maquinaria pesada y así rescataron otros cinco cuerpos. Por instrucciones de Lobo Román se continuó sin recurrir a esas máquinas, lo que dio frutos nueve horas después cuando se pudo liberar a cuatro cuerpos más. Hasta que se encontraron a todas las personas indicadas por vecinos y familiares, se inició el rescate de objetos de valor solicitado por los habitantes y, más tarde —siempre que se aseguraba que no habría riesgos mayúsculos—, se procedió a sacar algún mobiliario u objetos más grandes, preciados para los inquilinos: desde el vestido de novia de la abuelita hasta la colección de zapatos.

Para el jefe de PC de la demarcación el trabajo realizado fue satisfactorio pues se rescató a personas con vida y a otras que desafortunadamente la perdieron, labores en las que tuvo gran desempeño el equipo integrado por el ingeniero Irving García López, Randy Jiménez Fandiño, Alma García Díaz,  Miguel Ángel Quezada Reyes, Germán Mateos, Tomás Peyret y Víctor Cabrera Núñez, quienes enfrentaron el entrar por huecos pequeños en condiciones difíciles como el calor, el polvo y los olores, entre otros desafíos. Destacó que frente a la solidaridad de la gente que llegó a prestar ayuda —entre ella, varios estudiantes de esta sede académica), hubo vivales que pretendieron robar marros y lograron sustraer objetos de quienes pretendían sumarse al rescate.

En la actualidad, informó, el edificio del número 911 fue demolido totalmente: en la revisión se encontró que su cimentación no era buena, no contaba con suficientes columnas y las que había era frágiles; en tanto que en los inmuebles aledaños, el ubicado en el número 911 bis, acorde con el dictamen de las autoridades del ramo tuvo que ser reforzado, y al marcado con el 909 se le están haciendo peritajes para determinar su estado, aunque se sabe que cuenta con pilotes. Los tres inmuebles fueron construidos a mediados de la década de 1980, por lo que fueron edificados conforme a lo dispuesto por el anterior Reglamento de Construcciones.

Para el especialista es trascendental que este tipo de pláticas sirvan de orientación a la gente y a la comunidad universitaria para que esté preparada ante tales situaciones. En entrevista con aleph, recomendó a las personas que viven, estudian o trabajan en inmuebles de más de dos niveles, tomar en cuenta los tiempos que lleva evacuar los edificios acorde con los ejercicios que se hacen en ese sentido, considerando que la alarma sísmica da un minuto de anticipación, pues si el tiempo de salir es de dos minutos, por ejemplo, no tendría caso desplazarse hacia abajo. Es mejor quedarse y replegarse en los lugares seguros, señalados previamente por los responsables de protección civil, aunque en casa las propias familias los deben ubicar y, una vez concluido el movimiento, desalojar el lugar.

En casa, finalizó, se deben identificar las columnas, castillos, trabes y, de ser posible, informarse sobre los cimientos y los muros de carga. Generalmente estos no tienen ventanas ni puertas.

En la Unidad Azcapotzalco se realizan ejercicios para hacer frente a esas eventualidades, y a los alumnos se les informa sobre esos riesgos en el Programa de Introducción a la Vida Universitaria (PIVU); además, se cuenta con una oficina de Protección Civil, a la que los integrantes de la comunidad se pueden unir de manera voluntaria, subrayó el ingeniero Roberto Carlos Vázquez Solís, jefe de la oficina de PC de esta Unidad.

La plática ofrecida por la delegación GAM se inscribe en el marco de la exposición “Memoria Sísmica de la Ciudad de México, 1985”, señaló Carlos García Gómez, encargado de la Galería del Tiempo.

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aleph UAM-A No. 277, octubre/02 de 2018

 

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México 1968-2018

Diseño: Joel Millán Rosas

En el 68 los jóvenes fueron blanco de la ira de los poderes establecidos: Enrique Semo

POR IVETTE GABRIELA LOZANO FLORES

El movimiento estudiantil de 1968 fue una protesta universal: superó los obstáculos de las diferencias de lenguas, culturas, idiosincrasias, distancias continentales y las barreras de clase, precisó el doctor Enrique Semo Calev, profesor en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En el marco de las Jornadas Conmemorativas, 1968. Medio siglo después, realizadas en la UAM Azcapotzalco, el investigador del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana (INEHRM), ofreció una conferencia magistral en la que destacó que, en ese año, por primera vez en el mundo, los movimientos fueron sincrónicos, en los que los jóvenes fueron blanco de la ira de los poderes establecidos: de los gobiernos de los países capitalistas, de los que estaban bajo el sistema soviético y de los llamados del Tercer Mundo.

Es por ello que hablar de las circunstancias internacionales en las cuales se produjo el 68 mexicano, no es hablar de un aspecto secundario. Ese año, el país se vio conectado a un proceso mundial del cual fue un eslabón decisivo, mencionó el exsecretario de Cultura del Gobierno del Distrito Federal (hoy CDMX).

De aquel proceso se desprendieron múltiples consecuencias: se cuestionó el optimismo consumista, el auge capitalista, la política como profesión que puede rayar en la ilegalidad y el crimen y la viabilidad de las guerras coloniales como la de Vietnam en aquella época, o como las de hoy, en Irak, Afganistán y, recientemente, en Siria, subrayó.

Así mismo, puso en entredicho el carácter socialista del estatismo soviético y al marxismo como ideología de estado; sacudió a la familia patriarcal en sus fundamentos, expuso las hipocresías de la moral sexual burguesa, y  los mitos que rodeaban a la educación y a la universidad.

Además, señaló, se detonó la emancipación de los trabajadores, la igualdad para la mujer y su empoderamiento, y discrepó del racismo de blancos dominantes contra negros o morenos dominados y de la discriminación contra las minorías sexuales.

Ese periodo planteó el problema de la soberanía en una forma novedosa: pensar globalmente y actuar localmente, y anunció la aparición de nuevos sujetos de cambio: la juventud, los estudiantes, las mujeres, los pueblos originarios y los que viven en precariedad, dijo el investigador de la UNAM.

Así, en sólo tres meses, México presenció un desarrollo vertiginoso de la cultura juvenil: “Las ideas se volvieron un ejercicio importante en la radicalización fulminante del pensamiento”. El Comité Nacional de Huelga, las asambleas y, sobre todo, las brigadas, se convirtieron en una inmensa escuela política que indudablemente marcó a una generación.

El 68 fue la manifestación violenta de las nuevas esperanzas y la indignación contra la hipocresía de un régimen social en el que las palabras no tienen mucho que ver con los hechos.  Medio siglo después, aseguró, no faltan señales que indiquen que la rebeldía de los jóvenes fue algo más que un viaje a la utopía.

El doctor en Historia Económica aseguró que lo suscitado el pasado primero de julio —cuando un 54 por ciento de la población votó por un candidato que, desde hace por lo menos 20 años, ha estado contra la dupla gobernante de los Partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional—, parece coincidir con lo acontecido hace 50 años.

El presidente electo desarrolló una campaña incesante, con ideas que contrastan con las puestas en práctica por los gobiernos anteriores que han promovido, defendido e implementado una política de ideología tecnócrata y de práctica neoliberal, indicó.

Desde hace unos años, se ha venido conformando un movimiento popular muy heterogéneo de humillados, ofendidos y expropiados, que irrumpió en la escena produciendo la posibilidad de un cambio radical. “Ese gran movimiento social, de origen disímbolo, es el pueblo político —como lo fue en el 68 el movimiento estudiantil—, que si bien no es revolucionario ni tampoco lo mueve una ideología común, es la sociedad civil entrando en la política, lo que le había sido impedido por todas las limitaciones del sistema autoritario vigente.

 

Éramos jóvenes con ideales para luchar por el cambio social

“Llegué a esta capital procedente de Taxco, Guerrero, en donde había estudiado hasta el bachillerato. Ahí, mi familia se dedicaba a la platería y yo vivía como en un mundo color de rosa: era la menor de siete hermanos. Me vine a la capital para estudiar en la UNAM la carrera de Derecho, con la idea de abrir un bufete jurídico que ayudara a la gente sin recursos económicos. En la Facultad, vi que por mi procedencia, al igual que a otras compañeras, nos discriminaban, pues entonces había alumnos que eran hijos de potentados y de funcionarios. Por eso cambié mi apariencia y me metí de bailarina en la Universidad.

“De repente, a mis 23 años me vi envuelta en un vendaval que cambió mi forma de ver la vida. Estalló el Movimiento Estudiantil y sin darme cuenta me involucré en él. Empecé a participar y me eligieron para formar parte del Comité de Huelga de la escuela —en donde me encargaba de las finanzas de las brigadas—, pero no formé parte (como se ha llegado a decir) del Consejo Nacional de Huelga (CNH). Me fui de brigadista. Casi no dormíamos porque en el día íbamos a repartir propaganda, a pintar bardas y a hacer pegas, a informar a la gente; en los mercados, fingíamos que nos peleábamos entre compañeras y cuando se juntaba la bolita les decíamos que éramos estudiantes y que estábamos ahí para hablarles de nuestras demandas y para juntar fondos. La situación era muy distinta cuando íbamos a las fábricas, pues era más difícil por la represión que se vivía.

“Por las tardes y las noches hacíamos la propaganda, los carteles y los volantes, trabajábamos con mimeógrafos y esténciles y así era casi a diario. Cuando me preguntaban que cómo fue que nos politizamos, les respondía como hoy: porque nos golpearon los granaderos y los militares”. Durante las Jornadas Conmemorativas 1968, medio siglo después, organizadas por el Departamento de Sociología, Ana Ignacia Martínez Márquez, más conocida dentro de las combativas huestes del 68 mexicano como “La Nacha”, platicó parte de sus vivencias de aquel entonces.

“Nos tocó la irrupción del ejército a Ciudad Universitaria. Nos decían que cualquier día iba a llegar, pero no llegaba; así, como que nos acostumbramos, y cuando sonaron las botas de los soldados el 18 de septiembre, nos detuvieron a 43 compañeras. Traté de correr por la Rectoría pero me atraparon; Roberta Avendaño, “La Tita”, una robusta integrante del CNH, escapó con ayuda saltando una barda de CU y amortiguó su caída el toldo de un vocho. Ese día también agarraron a padres y madres de familia, a ancianas y a deportistas que practicaban para los Juegos Olímpicos”.

Durante la charla La lucha de las mujeres en el movimiento estudiantil de 1968 y la prisión femenil, aseguró que se han tejido muchos mitos sobre ese año, uno de ellos es que a ella y a La Tita las detuvieron el 2 de octubre en Tlatelolco. “No, escapamos corriendo, pero después de meses de incertidumbre fui secuestrada a principios de 1969”. Por casi dos años estuvo en la Cárcel de Mujeres, acusada de varios delitos. “Me tocó estar ese tiempo en la misma celda con Tita. Cuando salí de la cárcel el 24 de diciembre de 1970 —aclara que no fue amnistiada por el gobierno de Echeverría como se dijo—, lloré sentada en la banqueta porque no tenía dinero ni a dónde ir, nadie me esperaba; salimos en libertad bajo protesta, aunque Tita salió un mes después. Violaron la ley para meternos al penal y la violaron otra vez cuando nos liberaron”.

Con el paso de los años, muchos de los integrantes del movimiento se fueron agrupando en el Comité del 68, trinchera desde donde han luchado desde hace varios lustros por la búsqueda de la justicia, contra la impunidad y por el castigo contra los responsables. “Mi trayectoria en el Comité —rememora emocionada—, se la debo al compañero Raúl Álvarez Garín —representante de la Escuela Superior de Física y Matemáticas del Poli ante el CNH—, quien de matemático se convirtió en un virtual abogado llevando la causa para el castigo a los culpables de lo ocurrido el 2 de octubre, el 10 de junio de 1971, cuando ocurrió el llamado Halconazo —represión y asesinato de estudiantes que participaban en una movilización en Ribera de San Cosme cuando fueron atacados por Los Halcones, grupo paramilitar patrocinado por el gobierno del Distrito Federal—, y durante la Guerra Sucia, con un saldo de medio millar de desaparecidos”.

Afirmó a aleph su rechazo a las voces que recientemente se han levantado para decir que hay que dar un borrón y cuenta nueva respecto del movimiento del 68; al contrario, sostuvo, se están emprendiendo acciones, como un amparo para que Luis Echeverría, presidente en el periodo 1970-1976, y uno de los maquinadores de la represión en el 68 y el 71, sea apresado porque “nunca ha estado exonerado” como él dice: “Aunque ya está viejo, tiene que pagar pues fue responsable; también estamos pidiendo que se reactive la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos  del Pasado (Femospp), pues dejó inconclusos los procedimientos que inició: existen 50 órdenes en contra de altos mandos por los hechos del 2 de octubre de 1968, el 10 de junio y la Guerra Sucia.

“Con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia se abren expectativas, se tienen esperanzas de que se dé un cambio verdadero; sin embargo, ha prometido muchas cosas, algunas muy difíciles de cumplir”.

Ahora también es momento que se empiece, de hecho ya se empezó, a revalorar el trabajo de las mujeres brigadistas de aquel 68 mexicano: “Con todo y nuestros años, nuestras dolencias, nuestros sentimientos, estamos acompañando a los jóvenes en sus luchas actuales. Somos un referente para ellos; nos hemos dado cuenta que el ejemplo ha cundido, que ya no se dejan”.

Para el doctor José Sotelo Marbán, el movimiento del 68 orilló a un grupo de estudiantes de diversas carreras de la Universidad Iberoamericana (UIA) a formar un colectivo de apoyo bajo la premisa que ondeaba en las banderas libertarias alrededor del mundo: “Seamos realistas, logremos lo imposible”.

El apoyo que dieron a la movilización juvenil fue conduciendo a sus compañeros, a los jóvenes que participaron en ese México 68, a tomar diversos derroteros para lograr el cambio en las condiciones del país; unos siguieron desde la academia, otros —como el propio Sotelo Marbán, seguidor de la Teología de la Liberación y defensor de los derechos humanos— eligieron “la promoción social”.

En su ponencia Las luchas por la verdad, la justicia y la memoria en el México contemporáneo, el doctor Sotelo subrayó que a 50 años de lo ocurrido, “tenemos una deuda histórica, le debemos nuestras libertades”.

En 2002 se logró que Vicente Fox creara la Femospp, en donde José Sotelo tuvo un papel preponderante investigando varios casos y descifrando documentos confidenciales de la milicia. Como fruto de esas indagatorias presentó el trabajo El ejército en la guerra sucia, en el cual se evidencian las prácticas y abusos que cometen las fuerzas armadas en contra de los luchadores sociales, de la población civil y de todos aquellos a los que consideran sus enemigos. Este es un documento terrible, sostiene, ya que se develan las atrocidades, los crímenes de guerra y de lesa humanidad, las desapariciones forzadas y los genocidios, hechos todos que cimbraron al investigador.

El descubrimiento y la eventual publicación de esas atrocidades cometidas —en este caso, en el estado de Guerrero—, no fue bien visto por la Procuraduría General de la República, pues el 90 por ciento de los casos apuntaban hacia el ejército. La publicación de parte de ese informe ocasionó que despidieran y sancionaran al doctor Sotelo y, para tratar de paliar la situación, durante algunos días la dependencia publicó en su portal el texto incompleto y con otro nombre.

Hoy, en el contexto de la conmemoración del 50 aniversario del Movimiento Estudiantil, “es preciso enfatizar la necesidad de llegar a la verdad y a la justicia, que ayer y hoy ambas son demandas sociales”

Para culminar su intervención, reflexionó sobre el papel del ejército al cual le han encomendado funciones de seguridad pública que escapan a su ámbito y para lo cual no está preparado; ha sido entrenado para aniquilar y recurre a “la fuerza para neutralizar al presunto delincuente”; no cuenta con preparación para detener y viola los derechos humanos. Ahora, en el umbral de la entrada del nuevo gobierno, se presenta otro desafío: habrá que ver cómo se trabaja el caso de Ayotzinapa pues “la investigación forzosamente pasará por el ejército. Si lo indagan a fondo, van a pasar cosas complicadas e indispensables; será la señal política de que se va a reformar la república”, rubricó.

Testigo desde dentro de los actos cometidos por la milicia, desde los rituales de iniciación a los cadetes en el Colegio Militar que llegaron al asesinato de los jovencitos, hasta las innumerables violaciones a los derechos humanos, las violaciones tumultuarias, las desapariciones forzadas, las ejecuciones extra judiciales y la práctica de la tortura al interior del ejército, así como por haber denunciado y manifestado su rechazo a tales prácticas, el general José Francisco Gallardo Rodríguez —conferencista participante en estas Jornadas conmemorativas— fue encarcelado durante 10 años en penales castrenses hasta que, finalmente —después de mucho tiempo y recursos legales— recuperó su libertad, para lo cual tuvo que recurrir a instancias como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y a la Organización de la Naciones Unidas, pues en nuestro país no tuvo eco su búsqueda de justicia.

Para el también maestro y doctor en Administración Pública por la UNAM, uno de los problemas centrales en las fuerzas armadas y para el país, es que el ejército viola las leyes civiles y los ordenamientos legales; entonces, es muy difícil pensar que pueda ser garante de la legalidad. Durante su ponencia La justicia militar y los derechos humanos en México, subrayó que el sistema autoritario —que empezó a resquebrajarse en 1968— se extendió hasta el primero de julio pasado, cuando la mayoría de la gente votó no tanto por un partido, sino en contra del sistema político mexicano.

En torno a la situación del ejército y de cara a la próxima entrada del régimen encabezado por López Obrador, enfatizó la necesidad de que surja una nueva relación entre los poderes civiles y militares, en donde tiene que quedar claro que en una democracia “el ejército debe estar sometido y subordinado al poder civil del Estado”. Para cambiar el régimen, “se deben romper esas estructuras que violentan los derechos humanos.

“Si existe la decisión de cambiar la situación, el próximo primero de diciembre se debería de anunciar medidas como decretar el regreso de los militares a sus cuarteles, la derogación de la Ley de Seguridad Interior y que la titularidad de la Sedena le sea conferida a un civil” puntualizó.

 

El movimiento estudiantil del 68 abrió el camino a cambios sociales, políticos y culturales

POR JUAN MANUEL TIRADO JUÁREZ

Nadie hubiera imaginado que una pelea entre alumnos de la vocacional 2 del Instituto Politécnico Nacional y de la escuela particular Isaac Ochoterena desencadenada el 23 de julio en las inmediaciones de la Ciudadela,  habría de encender la chispa que tres días después cobró fuerza cuando los granaderos atacaron a una manifestación de universitarios y politécnicos que marchaban hacia el Zócalo para protestar por el maltrato que éstos dieron a los estudiantes cuando trataban de detener el conflicto en la Ciudadela.

En aquellos años, siempre que había manifestaciones “no oficiales”, los granaderos eran enviados para impedirlas pero, en esta ocasión, la situación fue diferente pues iban estudiantes de ambas instituciones que siempre habían vivido una “rivalidad” alentada por instancias gubernamentales y que se acentuaba en ocasión de los juegos de futbol americano entre los equipos del IPN y la UNAM. La desmedida represión marcó el inicio del Movimiento Estudiantil de 1968, recuerda el entonces alumno de Física en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional, Salvador Martínez della Rocca, más conocido como “El Pino”, quien —con el paso de los días— se convirtió en representante de su escuela ante el Consejo Nacional de Huelga.

                  Al ver que los granaderos no podían con los jóvenes, el entonces presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz, y la regencia del Distrito Federal, a cargo del general Alfonso Corona del Rosal, decidieron enviar al ejército para desalojarlos. Así, el 29 de julio, éste destroza con una bazuca la puerta de la Prepa 1, ubicada en San Ildefonso, y con ello crece el descontento en la capital del país. El rector de la UNAM, maestro Javier Barros Sierra, salió en defensa de los estudiantes y de la institución, y exigió el cese de la represión. Durante agosto, septiembre y parte de octubre, el gobierno diazordacista respondió con las armas a las demandas estudiantiles, que eran, entre otras, el cese del jefe de la policía y la desaparición del cuerpo de granaderos, la derogación de un par de artículos de la Constitución que servían de parapeto para justificar el maltrato a cualquier mínima disidencia, y la liberación de los presos políticos.

Fueron semanas de mucha actividad, de organización y de rabia en contra de un régimen autoritario que, lejos de buscar algún acercamiento, sólo respondía con la fuerza. Durante la mesa Jóvenes, educación y Universidad Pública —moderada por el doctor Luis Reygadas Robles Gil, especialista de la UAM Iztapalapa, realizada en el marco del Coloquio Actualidad del 68, Juventud y Política 50 años después—, El Pino subrayó que al margen de los sucesivos golpes represores, de la ebullición política y de las frenéticas actividades que tenían que realizar, los jóvenes atisbaron fuera del cerco que el obtuso régimen se empeñaba en mantener, y convivieron en espacios libres rodeados de una atmósfera cultural en la que escuchaban a Los Beatles, a Los Rolling Stones y a Elvis Presley,  disfrutaban de los lienzos efímeros que trazaban en Ciudad Universitaria, artistas como José Luis Cuevas y Manuel Felguérez, y acudían a los cine clubes universitarios.

En la Unidad Iztapalapa, el activista —apresado a finales de agosto de 1968, pasando más de dos años en la cárcel de Lecumberri—, señaló que la efervescencia juvenil que se expandió también, pero en menor medida, a otros estados y a diferentes sectores, fue frenada el 2 de octubre cuando se desató “una brutal represión en Tlatelolco”. Para cerrar su intervención, Martínez della Rocca recordó que el 68 mexicano recibió los vientos de cambio que le llegaron de los movimientos estudiantiles que se realizaron meses antes, como el conocido Mayo francés, los impulsados en las universidades de Berkeley y Columbia, en Estados Unidos, debido a la guerra desatada por ese país en contra de Vietnam del Norte, y la situación que se vivía en Checoslovaquia, invadida por la ahora desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Aunado a ello, no se podía negar la inspiración de la Revolución Cubana ni el influjo de la mítica figura del Che Guevara, rubricó.

En los años anteriores al movimiento del 68, las universidades no habían tenido mayores problemas con el gobierno de Adolfo López Mateos (1958-1964), pero la situación empezó a cambiar con su sucesor, Gustavo Díaz Ordaz, pues éste (debido a su carácter sumamente conservador y autoritario) consideraba a los jóvenes como “desorientados” e inclinados hacia las “ideologías exóticas” que iban en contra del orden surgido del “nacionalismo revolucionario”, por lo que no dudó en recurrir a la fuerza de las balas y de las bayonetas para librar al país de la “amenaza” que trataba de descarrillar la celebración de los Juegos Olímpicos.

En el terreno de la educación superior, en 1960 había 61 instituciones que atendían a 76 mil estudiantes. Ese carácter elitista era funcional para el modelo de “desarrollo estabilizador”, en tanto que los universitarios tenían, al cursar sus estudios, una carta para asegurar su movilidad social. Pero, conforme pasaron los años, ese modelo económico empezó a sufrir cambios que se reflejaron —entre otras situaciones— en el aumento de la demanda estudiantil en las instituciones de educación superior. La masificación paulatinamente daría al traste al perfil elitista previo.

Aunado a lo anterior, en el terreno cultural e ideológico se empezaron a sentir los cambios: los jóvenes disfrutaban del Rock and roll, además de que admiraban a la Revolución Cubana y veían con simpatía las luchas independientes y de derechos civiles que brotaban en diversos países. Objetaban a una cultura autoritaria que iba desde la familia a la escuela y que se manifestaba plenamente a través del gobierno. En ese terreno fue que se dio el Movimiento Estudiantil de 1968, apuntó el doctor Javier Mendoza Rojas, quien cuestionó el autoritarismo político emanado de un régimen de partido único que evidenciaba la carencia de vías democráticas y alcanzaba al propio modelo de desarrollo económico.

En su ponencia Impactos del movimiento del 68 en la educación superior, el especialista de la UNAM sostuvo que esa corriente “abriría un nuevo periodo en la vida política, social, cultural y educativa de nuestro país”. En este último rubro, a la par que se dejaba sentir la influencia de las teorías que proponían “alternativas educativas innovadoras”, empezó a crecer la demanda de jóvenes deseosos de continuar sus estudios; así, en el sexenio de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) se abrieron nuevas instituciones de educación superior, como la UAM, los cinco planteles de la Escuela Nacional de Estudios Profesionales (ENEP) de la UNAM y las universidades autónomas en Aguascalientes, Ciudad Juárez, Chiapas, Baja California Sur y Tlaxcala, así como universidades agrarias e institutos tecnológicos, y se creó el Colegio Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Ya en el periodo de José López Portillo (1976-1982), se fundó la más reciente de las universidades federales escolarizadas, la Pedagógica Nacional, en 1978.

Si bien hubo una serie de logros, todavía existen desafíos, tales como contar con “un sistema educativo y universitario consolidado académicamente y abierto a las necesidades de los grupos mayoritarios de la población”. Además, aún persiste “una universidad con fuertes resistencias a las transformaciones de fondo”. Los cambios “no acaban de arraigar en las universidades por la insuficiencia de las estrategias instrumentadas y las crisis cíclicas en la economía del país”.

La ampliación de la matrícula, el proceso de masificación de la educación superior y su diversificación empezaron a despegar hacia 1970, coincide el investigador de la Unidad Azcapotzalco, doctor Adrián de Garay; en aquellos años, el 53 por ciento de los 200 mil jóvenes que acudían se hallaban en esta capital, y hoy el porcentaje sólo representa el 18 por ciento. En esa época, de cada 100 estudiantes 17 eran mujeres, hoy representan el 52 por ciento. Esa “feminización” de la matrícula se confirma en las dos principales instituciones públicas de educación superior: en la UNAM, en 1970 ellas representaban el 23 por ciento, y cinco décadas después llegan al 52 por ciento; en el IPN, el porcentaje era del 13 por ciento y hoy es del 39 por ciento.

Los claroscuros de uno de los presidentes más odiados de México

El presidente Gustavo Díaz Ordaz mantuvo un gobierno que en el ámbito político fue autoritario y represor: no dudó en enviar al ejército a reprimir al movimiento que se levantó en la Universidad Nicolaita de Michoacán, en 1966. Un año antes también mostró mano dura en contra del movimiento de los médicos que se levantaron para exigir mejores salarios y condiciones laborales, y a cuyas demandas respondió encarcelando a 300 de ellos y nada resolvió. Durante la administración de Adolfo López Mateos, fue secretario de Gobernación y por ello se podría asumir que tuvo que ver con la represión contra los ferrocarrileros en 1958, además de que mantuvo su influencia durante todo ese sexenio debido, entre otros motivos, a la enfermedad del presidente. Esto lo afirmó el doctor Roberto Rodríguez Gómez, especialista del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, durante su ponencia Control de daños: la política educativa de Echeverría, aunque se centró en el periodo de Díaz Ordaz, principalmente.

En el ámbito económico, éste último mantuvo orden en las finanzas públicas: el Producto Interno Bruto (PIB) registró alzas anuales del 6 por ciento, el salario creció en promedio 8 por ciento y fue casi el doble en el campo, mantuvo controlada la inflación, impulsó el desarrollo con el descubrimiento y explotación de yacimientos petroleros, se tuvo acceso a créditos extranjeros y cubrió préstamos que databan desde la expropiación petrolera en 1938, aseguró.

Respecto a la política externa, arregló el asunto de El Chamizal, una franja territorial ubicada en Tijuana, Baja California, que México se disputaba con Estados Unidos, aunque creció la dependencia hacia ese país. Los logros en materia económica y de política exterior, subrayó, no se podrían explicar sin la presencia y la estatura que tenían los secretarios de Hacienda, Antonio Ortiz Mena, y de Relaciones Exteriores, Antonio Carrillo Flores

Sobre el rol de las universidades y los universitarios, pese a que Díaz Ordaz fue vicerrector de la Universidad de Puebla, y también diputado y senador en ese su estado natal, decía que la autonomía debería tener límites marcados por la Constitución y que en esas casas de estudios se debería de cobrar cuotas para contender con su situación. Para el licenciado en Derecho y admirador de Benito Juárez, una de las amenazas que representaba el movimiento de 1968 era que un puñado de revoltosos de orientación comunista, alentado desde el extranjero, se había empezado a movilizar para impedir que se celebraran los Juegos Olímpicos, apuntó Rodríguez Gómez. En los momentos más álgidos de la represión, propuso “responder públicamente a las demandas del pliego petitorio”, aunque decía que no le quedaban muy claras. En su cerrazón negaba que hubiera presos políticos: decía que los apresados lo habían sido por otros motivos y, más aún, pese a que el ejército había tomado CU aseguraba que no se había violado la autonomía. Incluso, en su informe de septiembre de 1968 y en declaraciones posteriores, refrendaba que las acciones que tomó en su administración fueron en defensa de la seguridad nacional y de la Patria, y que asumía todas las responsabilidades por lo ocurrido durante esos meses. Aquel fue un sexenio complejo que debe de seguirse escudriñando, lo que puede “enriquecer la narrativa del 68”.

Los sucesos de octubre de 1968 gestaron “una fractura en el tiempo mexicano, una fractura que por virtud de la memoria puede transformar el pasado y, simultáneamente, tener el efecto de impulsar el futuro”, apuntó el doctor Rodrigo Díaz Cruz, rector de la Unidad Iztapalapa. Hoy, en esta Universidad, uno de los resultados parciales “de aquella grieta del 68, de aquel movimiento por la democratización del país” se recuerda y se manifiesta en la actualidad, a 50 años de distancia, “en una circunstancia en la que la violencia lacera a México” y en donde “se debate el futuro de las universidades públicas, y los jóvenes exploran nuevas formas de participación política”.

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Faltan lineamientos que obliguen a las inmobiliarias a usar diseños bioclimáticos

  • El Posgrado en Diseño Bioclimático aplicó examen en línea para ingreso: “Resultó una radiografía de cómo vienen preparados los aspirantes”

POR JUAN MANUEL TIRADO JUÁREZ

A mediados de los años 70 y en los años subsecuentes, el mundo occidental sufrió una crisis petrolera ya que las naciones y las compañías que durante años se habían encargado de manejar el mercado del petróleo vieron cómo los países productores se organizaron para ser ellos mismos quienes ocuparan un lugar destacado en el mercado de los energéticos, lo que detonó el enfrentamiento entre Estados Unidos con el Sha de Irán, pues el país norteamericano es un ávido consumidor de combustibles —tanto a nivel industrial como doméstico—, por lo que requería del crudo de ese país.

Lo anterior, aunado a la entonces creciente preocupación por la polución que ya afectaba a muchas regiones en la Tierra —sobre todo a las de mayor actividad y producción

industrial—, conduciría a los expertos a buscar soluciones a la problemática ambiental desde sus respectivas áreas de conocimiento.  Esas situaciones fueron el motor para que los arquitectos desarrollaran sus trabajos con criterios bioclimáticos, esto es, aprovechando la naturaleza —al Sol, el viento, el agua o los árboles—, para dar confort a viviendas sustentables no contaminantes.

Es en ese contexto que la Arquitectura Bioclimática ha ganado terreno al aumentar sus líneas de estudio, las cuales, con el tiempo, han alcanzado mayor madurez. Prueba de ello es que sus lineamientos se han plasmado en las reglamentaciones de construcción de numerosas regiones del mundo incluido México. Actualmente, los especialistas en esta área evitan la utilización del aire acondicionado (por los efectos nocivos de los fluorocarbonos que se emplean en su funcionamiento), además de trabajar en el aislamiento térmico y en aspectos de la iluminación y la acústica.

Pese a los aportes que realizan esos profesionales, en la mayoría de las ocasiones éstos no son aprovechados ya que aun cuando dichos lineamientos de la arquitectura bioclimática están plasmados en las  reglamentaciones, su aplicación no es obligatoria.

Imagen: Diseño bioclimático. UAM-A

Preocupados por esa nueva vertiente relacionada con la sustentabilidad y el cuidado del ambiente, un grupo de profesores de la UAM Azcapotzalco —entre ellos, Roberto García Chávez y Roberto Rodríguez, expertos del Departamento de Medio Ambiente, de la División de Ciencias y Artes para el Diseño (CyAD)— impulsaron hace casi 30 años el posgrado en Diseño Bioclimático, el primero que ofreció esa División y que con el paso de los años se ha consolidado y ha alcanzado un nivel que no existe en ninguna otra institución a nivel nacional, pues ninguna cuenta con la preparación y la calidad  respecto a su planta académica, “su plan de estudios e instalaciones”, subrayó en entrevista el maestro Roberto Gustavo Barnard Amosurrutia, coordinador de esa especialidad.

Informó que en julio pasado, los aspirantes a la maestría y el doctorado, por primera vez respondieron un examen en línea para poder ingresar (antes sólo se les entrevistaba con base en su proyecto de investigación). Para su aplicación se contó con la plataforma Exalínea, a cargo de la Oficina de Aula Virtual de este plantel, mediante la cual hicieron 80 preguntas. La encuesta resultó “una radiografía para saber cómo viene preparado el aspirante. Se hizo una valoración muy objetiva de sus conocimientos y ello dio indicadores” que “nos permiten retroalimentar los planes y programas de estudios”, indicó el arquitecto egresado de esta casa de estudios hace casi 40 años. Los aspirantes, provenientes de diversas instituciones educativas, registraron, en la mayoría de los casos, los indicadores más bajos en materias relacionadas con la iluminación y la acústica, aseguró.

Fue interesante, continuó, que los alumnos de esta unidad que tienen en el plan de estudios esas dos unidades de enseñanza-aprendizaje dentro de la licenciatura y en la especialidad, salieron mal en dichas áreas, lo que nos permite advertir que existe algún conflicto en la impartición de las clases o no se cubre el programa de manera correcta. Esos resultados “nos preocupan, pero servirán para conocer precisamente en donde están las fallas y así remediarlas”. Sin embargo, los alumnos provenientes de la Unidad Xochimilco sí tuvieron un buen desempeño aun cuando no tienen en su currículo esos temas.

El maestro en Arquitectura por el Instituto Politécnico y la Universidad Estatal de Virginia, Estados Unidos, subrayó que se continuará aplicando el examen en línea, lo que incluso se podría hacer desde cualquier lugar en donde haya computadora e internet. Ante

Imagen: Diseño bioclimático UAM_A

la duda que se le planteó sobre la posibilidad de que se pudiera copiar en esa clase de pruebas a distancia, subrayó que es imposible porque cada alumno tiene un orden diferente de preguntas y cada una de las opciones de respuesta también varían; además, solo cuentan con dos horas para responder las 80 interrogantes, por lo que no tienen tiempo de consultar ni oportunidad de copiar.

Para Barnard Amosurrutia, la educación a virtual es una herramienta eficaz; se ha pensado en que la Especialidad en Diseño Bioclimático se realice en esa modalidad para que los alumnos hagan sus tareas y actividades afuera y “solo vengan a la UAM un día a la semana”. En CyAD ya existen algunas materias que se inparten de forma virtual y a distancia lo que implica un trabajo considerable, pues entre los principales retos están las materias prácticas que necesariamente requieren supervisión personal, en tanto que las teóricas son más sencillas de impartir a distancia.

Señaló que en el posgrado se trabaja en las líneas de investigación Confort Hidrotérmico, Sustentabilidad, Diseño Bioclimático y Acústico, y en cuestiones acústicas y lumínicas que se entrelazan con la arquitectura, la ingeniería civil, el urbanismo y el diseño de interiores: se busca que las personas tengan un hábitat sustentable, en armonía con el ambiente y que ofrezca confort, que no sea ruidoso y cuente con la iluminación adecuada.

Sin embargo, en los hechos, lo anterior no se pone en práctica pues la mayoría de los arquitectos diseñan sus proyectos sin tomar en cuenta esos aspectos ligados con la sustentabilidad. Al preguntarle si ello obedece a razones de las inmobiliarias o de las constructoras que no los contemplen pues ello implicaría mayores costos, y que de alguna manera la normativa en materia de construcción no las considera de manera contundente, puntualizó que ese es un tema complejo. Al que diseña no le interesa mucho incorporar tales directrices sustentables, se inclina más por hacer construcciones atractivas. Pese a esa realidad, subrayó, hay que insistir para que se propongan proyectos sustentables.

Respecto a las normativas y el papel de las autoridades, el especialista comenta que, en México, el Reglamento de Construcción sólo contempla algunos aspectos relacionados con áreas de ventilación y de iluminación, situación muy diferente a lo que ocurre en Alemania, en donde se imponen lineamientos para gastar lo menos posible en energía fósil; o en Colombia, en donde “es obligatorio para las inmobiliarias” incorporar elementos bioclimáticos en sus desarrollos. Ante la perspectiva de que en nuestro país la situación pudiera modificarse, de que se consideren más cuestiones sustentables en la normativa con la llegada de la próxima administración federal, apuntó que existen comités de expertos encargados de elaborar las normas y que ya hay cabildeos con el Congreso, en especial con las comisiones que abordan asuntos relacionados con la vivienda, la construcción y el urbanismo. Quizá sea un buen momento para que los expertos de las universidades levanten la voz y presionen a los actores políticos para que se tomen en cuenta sus aportaciones y observaciones pero, por ahora, “nos falta organización y representación”, finalizó.

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Después de participar en ProMDyA, los estudiantes rescatan valores y asimilan los problemas enfrentados en diversas poblaciones

  • Rutas ecoturísticas, diseños de marca para salsas y mermeladas, y un museo comunitario, algunas tareas de los alumnos en Oaxaca e Hidalgo

POR IVETTE GABRIELA LOZANO FLORES

Estudiantes de diversas licenciaturas que participaron en el Programa Multidisciplinario de Diseño y Artesanías 2018 (ProMDyA), colaboraron en la generación de recursos, el mejoramiento del trabajo artesanal, la ampliación y organización de mercados, y la revalorización de la identidad indígena en varias poblaciones.

Desde hace 23 años, el maestro Fernando Shultz Morales, coordinador del programa,  apuesta por la formación interdisciplinar al incluir a las tres divisiones de la UAM Azcapotzalco  —Ciencias Sociales y Humanidades, Ciencias Básicas e Ingeniería y Ciencias y Artes para el Diseño— y, actualmente, a la división de Ciencias Básicas y de la Salud, de la Unidad Iztapalapa.

El ProMDyA es una propuesta que fomenta el trabajo colaborativo y de campo, y aporta diálogos interculturales entre los propios alumnos y con los artesanos de las distintas comunidades a las que asisten. El objetivo es conocer, convivir y ayudar a las personas de esa localidad a fin de lograr un desarrollo personal y profesional para ambas partes: “Los estudiantes viven con y como ellos y, a pesar de tomar muy en serio su rol de universitarios, no llegan a imponer ni a pretender una jerarquía mayor”.

De esta manera, afirmó el profesor, se adquiere un aprendizaje integral que no se logra en las aulas y, al mismo tiempo, la experiencia pueden plasmarla a manera de servicio social, proyectos terminales o de investigación, prácticas profesionales o tesinas.

Este año, el programa contó con la participación de 36 jóvenes de diversas licenciaturas, entre éstas, Administración, Sociología, Arquitectura, Diseño Gráfico, Diseño Industrial, y Producción Animal quienes asistieron a Santa María Nativitas Coatlán y Santiago Yosondúa, en Oaxaca, y El Mejay, Dextho, El Mezquital y Dios Padre, en Hidalgo.

Durante las tres semanas que duró su estancia, los alumnos se integraron en equipos para apoyar a los lugareños en la atención de sus necesidades, conocer los lugares turísticos de cada zona, la gastronomía y las costumbres; con ello lograron detectar las problemáticas que impiden el desarrollo y la captación de recursos, y ofrecieron propuestas o soluciones, como el diseño para una escuela que resultó dañada por los sismos del año pasado, o manuales para capacitación.

Asimismo, los equipos recopilaron información sobre la historia e identidad de la población a fin de impulsar el ecoturismo.  Entre sus acciones estuvieron la propuesta de diversas rutas ecoturísticas, el diseño de marca para productos como salsas, mermeladas o licores, un telar de cintura para fibras suaves (como el algodón) y fibras duras (como el ixtle), un museo comunitario con ilustraciones de códices, la reapertura de un parque natural y hasta un plan de empleo sustentado durante los siguientes 12 años.

Alrededor de dos meses antes del trabajo de campo, a los alumnos se les prepara con diversas pláticas sobre artesanías y comunidades. Estas últimas son “colectivos que ven por un bien común”, aseguró Fernando Schultz.

Así, se ambientan para que entiendan cómo será su participación, que relacionen la teoría con la práctica y lleguen con la visión de que serán hospedados en casas donde se vive en extrema pobreza. “Lo llamamos proceso de deschilanguización”.

Al final de la actividad de campo, los estudiantes muestran otra manera de pensar: se reconocen así mismos, rescatan valores, se convierten en mejores seres humanos y asimilan la magnitud de las adversidades que enfrentan las personas en cada población. A pesar de esos problemas, la gente trabaja, crea redes de producción o micro y medianas empresas, reconoció el académico del Departamento de Medio Ambiente.

Como institución pública de educación superior, destacó, ésta es una oportunidad única para fortalecer la responsabilidad social, formar mentalidades críticas ante la realidad que se vive, así como ofrecer mayores oportunidades. De esa manera, también se sigue la línea que marca la universidad en una sola labor, ya que se puede hacer docencia, difusión de la cultura y generar investigación, aseveró Shultz Morales.

Por su parte, la maestra Verónica Arroyo Pedroza, secretaria de la Unidad, señaló que los viajes ilustran y cada rincón que se pueda conocer dará aprendizaje. Incitó a los alumnos a no perder la vinculación con las personas y lugares para seguir enriqueciendo su profesión.

 

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Guía Universitaria 164 UAM-A, octubre/02, 2018

 

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