En México será visible el eclipse total de Sol de 2024


“Poco después de la dos empezó a oscurecer,
las gallinas se recogieron en las perchas
y todas las estrellas se encendieron al mismo tiempo.
Ese fenómeno fue calculado hace milenios por los astrónomos asirios.
A las dos y doce parecía un disco negro, perfecto,
y por un instante fue la medianoche a pleno día”.
Gabriel García Márquez, Del amor y otros demonios.

 

Desde hace miles de años, ancestrales culturas observaban los fenómenos que ocurren en la bóveda celeste y uno de los que más llamaba la atención fueron los eclipses. Aun cuando no contaban con herramientas astronómicas, lograron registrar con exactitud la periodicidad de esos encuentros Sol-Luna-Tierra. Observaron que los eclipses de sol suceden cuando nuestro satélite está en la fase de luna nueva y los tres cuerpos celestes mencionados están perfectamente alineados, lo que ocurre cada determinado tiempo según su órbita.

En la actualidad se sabe con certeza cuáles son las zonas denominadas umbra (la parte más oscura de una sombra, zona donde ocurre la totalidad) y penumbra (sombra débil, zona donde el eclipse es parcial), así como su duración y recorrido en el planeta. Los especialistas ya han pronosticado que el 8 de abril de 2024 ocurrirá un eclipse total de Sol que atravesará zonas del norte del México: se prevé que la sombra entrará por la península de Baja California Sur, las costas de Nayarit y Sinaloa, para desplazarse por Chihuahua, Durango, Coahuila, y zonas de Nuevo León y Tamaulipas para seguir hacia el este de Estados Unidos, donde recientemente sucedió un fenómeno similar. Se estima que tendrá una duración será casi dos veces mayor que el ocurrido el 21 de agosto pasado, pues se prevé que la totalidad será de cuatro minutos y medio.

Para la Ciudad de México el fenómeno será parcial —alrededor del 50 al 60 por ciento—; lo ideal será desplazarse hacia los estados del norte, donde las sombras serán totales; de esta forma será posible apreciar directamente la corona solar, las estrellas y algunos planetas que puedan estar cerca del astro rey en esos momentos. Observar el momento cuando la luna cubre totalmente a nuestra estrella, es algo único e irrepetible, aseguró en entrevista con este medio el doctor Fidel Cruz Peregrino, docente de la UAM Azcapotzalco.

Para el doctor en astrofísica por la UNAM no hay comparación entre ver el eclipse por televisión o por medio de cualquier dispositivo digital o estar en donde sucede, pues las sensaciones son únicas: ser testigo del descenso de temperatura que ocurre en cuestión de minutos, de la oscuridad, y de los cambios de conducta en los animales es algo increíble, puntualizó, sin olvidar ser precavido para evitar daños en los ojos. Durante la totalidad —cuando la Luna oculta completamente al Sol— es posible ver directamente el fenómeno para apreciar la corona solar y los astros que aparecen en la oscuridad, pero fuera de esos instantes se deben usar los filtros adecuados (que pueden ser las micas para soldar del número 14), o hacerlo indirectamente a través de las proyecciones que se hacen en el piso o en otras superficies evitando el agua o el vidrio.

Para el docente adscrito al Área de Procesos Irreversibles, del Departamento de Ciencias Básicas de la División de CBI, el eclipse de agosto pasado —que atravesó como no ocurría desde hace muchos años en Estados Unidos— fue la oportunidad de dar a conocer las medidas de seguridad necesarias para apreciar esa alineación astronómica. Asimismo, prosiguió, ese fenómeno le permitió constatar que los niños estuvieron muy interesados en el tema ya que contaban con información, sabían por qué un cuerpo pequeño como la Luna puede tapar un astro muchísimas veces más grande, además de que ya conocían las medidas de seguridad para observarlo. Además, influyó que en las redes sociales y el internet se compartió mucha información, a diferencia del ocurrido en 1991 cuando ocurrió el eclipse del siglo, expresó. La NASA y el Observatorio Astronómico Nacional (OAS) de nuestro país contribuyeron a difundir masivamente el suceso al realizar una transmisión en directo. Eso ayudó a que mucha gente obtuviera información importante, por ejemplo, que la sombra avanza a una velocidad superior a la de los aviones comerciales, es decir, a poco más de dos mil kilómetros por hora.

Consultado respecto a la periodicidad con qué ocurren esos fenómenos, Cruz Peregrino explicó que los eclipses solares y lunares ocurren porque la Tierra gira alrededor del Sol, y la Luna hace lo mismo alrededor de la Tierra, siguiendo su órbita. Sin embargo, el cuerpo selenita se mueve en un plano distinto al de nuestro planeta; sólo hay “dos ocasiones al año en el que la órbita lunar coincide en la misma línea en donde están el Sol y la Tierra y es entonces cuando surge la posibilidad de que ocurran los eclipses”. Debido a que la sombra de nuestro planeta es más grande que la de la Luna, es mayor la probabilidad de que suceda un eclipse lunar que uno solar.

Pese a que en la reciente ocasión este fenómeno no fue muy notorio en esta capital, el experto posdoctorado en la Universidad Rutgers, en Nueva Jersey, Estados Unidos, resaltó que años atrás, cuando ocurrían, significaban oportunidades importantes para analizar la corona solar y estudiar el campo magnético del Sol, entre otros temas. Actualmente, con las estaciones espaciales que orbitan al planeta no es necesario esperar a que sucedan esos fenómenos. Desde observatorios especiales se hacen esos estudios “simulando” un eclipse, para así apreciar esa especie de “halo fantasmagórico” que se mueve constantemente en diversas direcciones y que muestra una luz “que no estamos acostumbrados a ver”, o estudiar cómo se comportan las partículas del campo magnético solar —que se escapan en cualquier dirección—, además de su intensidad y fuerza. Ambas son investigaciones relevantes para saber más sobre nuestro Sistema Solar.

Es necesario estar atentos a la actividad de nuestra estrella, ver cómo va cambiando el clima espacial. De esa manera se puede alertar si surge una tormenta solar intensa que provoque la eyección de partículas, la cuales tardan entre dos y tres días en llegar a la Tierra. Si éstas logran atravesar la magnetósfera (región alrededor del planeta que lo protege al atajar muchas de esas partículas y otras provenientes del espacio), pueden afectar las comunicaciones y flujos de electricidad. Asimismo, su interacción con la magnetósfera terrestre produce las auroras boreales, puntualizó el académico. Los observatorios dedicados al estudio y registro de las tormentas solares pueden dar aviso si un flujo de partículas viene con intensidad y “advertir de los riesgos”. En términos simples, explicó que el Sol es como una enorme cazuela que siempre está en ebullición, hirviendo, y a veces salen despedidas las partículas al espacio con mayor fuerza en diversas direcciones.

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Acerca de alephUAM_A

Sección de Información y Divulgación, UAM Acapotzalco
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