Recuperar la memoria, esencial para las nuevas generaciones chilenas


  • El maestro Fernando Shultz recopiló material gráfico y de audio para donarlo al Museo de la Memoria y Derechos Humanos

POR JUAN MANUEL TURADO JUÁREZ

Corría el año 1973. En Chile se aceleraba el acecho al gobierno del presidente Salvador Allende, quien al frente de la Unidad Popular fue electo a ese cargo tres años antes. En junio se gestó una asonada militar que cimbró a ese país. Por otro lado, Estados Unidos desplegaba esfuerzos y recursos para derrumbar a un gobierno electo democráticamente; alentaba una campaña para derrocar a Allende. La maquinaria estaba puesta en marcha y el 11 de septiembre, desde temprano, aviones bombardearon la sede oficial del gobierno, el Palacio de La Moneda, mientras que la armada, el ejército y la policía se desplegaron por todo el país para sofocar a una gestión socialista.

La versión militar —hay otras— difundió la noticia de que el mandatario se suicidó una vez que se vio acorralado por la milicia que eliminó a su guardia personal y aplastó un experimento democrático que resultaba indeseable para diversos actores, encabezados significativamente por el gobierno de Richard Nixon y los sectores de la oligarquía chilena.

La dictadura, encabezada por Augusto Pinochet, se impuso a fuerza por la represión que desplegó en ese país. Durante los siguientes meses, miles de personas fueron asesinadas o apresadas y confinadas en campos de concentración. Las sombras se apoderaron de esa nación durante 17 años. Buscando huir de la persecución y barbarie, miles de chilenos se vieron obligados a salir de su patria. Muchos encontraron refugio en México, donde empezaron a echar raíces junto con otras personas que huían de las dictaduras que sometieron a otros países del Cono Sur.

Durante esos días aciagos, entre los jóvenes que fueron apresados y enviados a prisión estuvo el diseñador industrial Fernando Shultz Morales, quien permaneció más de medio año detrás de las rejas pero afortunadamente fue liberado. Después de pasar por esa amarga experiencia consiguió empleo en una empresa ubicada en el norte chileno donde encontró las facilidades para obtener una beca para estudiar la maestría en el Royal College of Art, en Londres, Inglaterra. Dos años después llegó a México y fue invitado a incorporarse a la Universidad Autónoma Metropolitana que recientemente había abierto sus puertas.

Una vez que el gobierno mexicano rompió relaciones diplomáticas con el golpista Pinochet, se abrió la Casa de Chile de nuestro país, cobijada por la administración federal y en donde se congregaban los exiliados chilenos. Al arribar a este país, Schultz Morales se sumó activamente a las propuestas de ese centro cultural, nodo aglutinador de la resistencia chilena. En entrevista con aleph recuerda que publicaban denuncias contra el régimen dictatorial. “Me encargué de las revistas y de los impresos; todo se editaba a la vieja usanza, virtualmente a mano”, recordó.

También participaba políticamente y era parte del comité que organizaba actividades culturales, entre estas, la presentación de Amparo Ochoa y Los Folkloristas en la Sala Netzahualcóyotl o en el Auditorio Nacional. Como no tenía impedimento para viajar a su país, regresó en varias ocasiones y aprovechó para tomar fotografías, por ejemplo, de la

Golpe militar en Chile

casa de Pablo Neruda (poeta y activista político chileno) y de los lugares donde la represión había fracasado, y las publicó en las citadas ediciones del exilio, señaló.

Durante los años que duró el régimen pinochetista, la dictadura hizo todo lo posible por quemar o borrar todas las publicaciones que daban cuenta de la cauda represiva que oscureció a ese país. Hoy, las nuevas generaciones no saben lo que realmente ocurrió o tienen versiones distorsionadas. De allí el interés del profesor adscrito al Departamento de Medio Ambiente de la UAM Azcapotzalco, por acumular mucho del material que se produjo en la Casa de Chile en México, además de reunir folletos, libros, fotografías, diapositivas y periódicos y revistas, tanto nacionales como extranjeros, publicados durante los días posteriores al golpe de estado. Tomando en cuenta esa carencia informativa, se dirigió al actual embajador de esa nación en México, Ricardo Núñez Muñoz, historiador y diplomático, para plantearle la propuesta de donación de esos documentos. Este funcionario —refirió el entrevistado— lo puso en contacto con el Museo de la Memoria y Derechos Humanos con sede en Santiago, Chile, donde se ha trabajado por reconstruir lo que pasó durante la dictadura pinochetista.

Asimismo platicó con quien fuera subdirectora de la Casa de Chile en México, Sonia Daza, para conocer qué destino se le daría a la biblioteca, ya que esta casa sería cerrada. Se tomó la decisión de donar los materiales a la Unidad Xochimilco de la UAM. En esa sede hay material audiográfico de un noticiero realizado por los exiliados chilenos que reflejaba la realidad de su país. Informó que el material fue digitalizado y, tiempo después, se entregaron copias electrónicas al embajador chileno.

Schultz Morales explicó que la UNAM cedió varios audiocasetes en los que se registran una centena de entrevistas con exiliados chilenos. Antes de formalizar la donación al Museo Memoria y Tolerancia, ya se habían juntado varias cajas de materiales, que contienen, entre otros, copias digitalizadas de impresos deteriorados por el paso de los años y que fueron procesadas con la colaboración de la biblioteca de la Unidad Azcapotzalco.

La donación —que ya se formalizó mediante un acto protocolario con la embajada chilena y la participación de representantes de la Secretaría de Relaciones Exteriores— tiene la intención, subrayó el docente, de alimentar la memoria de las nuevas generaciones chilenas. El objetivo que se pretende es levantar dos memoriales: uno, que abarque lo relacionado al periodo en el que la dictadura sembró el horror, y otro, que aborde las cuestiones del diseño realizado en el país andino en esa época (disciplina en la que Schulz Morales jugó un papel destacado junto con los jóvenes que acompañaron las propuestas del doctor Gui Bonsiepe). Sin embargo, los materiales todavía no salen rumbo al sur, aunque se espera que el proceso culmine en octubre próximo, para lo cual se está buscando el apoyo de organizaciones que puedan financiar el traslado.

El citado museo —cuya subdirectora es María Luisa Ortiz, hija de un desaparecido por la junta militar— busca difundir información verídica al alcance de los chilenos para dejar atrás el olvido y revitalizar la historia. Así, será posible mirar en retrospectiva, dar cuenta de las mentiras que cotidianamente esgrimía la dictadura para tratar de justificar lo injustificable, finalizó.

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Acerca de alephUAM_A

Sección de Información y Divulgación, UAM Acapotzalco
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