Al inicio, era un trabajo frenético y nadie se quejaba: Óscar Manuel González Cuevas


  • Los fundadores, a 43 años

POR GABRIELA MIRANDA PONCE

Hace 40 años, un día de enero de 1974, me llamó el doctor Juan Casillas y García de León, quien en ese entonces era director de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, y me dijo: “Quiero hablar contigo porqué me acaban de nombrar rector de Unidad de una nueva universidad, no sabemos dónde pero va a ser en el norte de la ciudad. Estará enfocada a la ingeniería y por ello tiene que estar cerca de las industrias. Me gustaría que tú fueras el secretario; ya lo comenté con el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, el rector general. Vamos con él para que te conozca”.

         Fuimos a casa del arquitecto, allá por el Pedregal. Juan Casillas me presentó:

            —Arquitecto, él es Óscar González Cuevas de quien le hablé; me gustaría que fuera secretario de la Unidad”

            —Si el doctor Casillas lo recomienda, estoy de acuerdo; bienvenido al grupo de trabajo. Empieza cuanto antes.

         Así fue como ingresé a la UAM, siendo el primer secretario de Azcapotzalco. Como anécdota, recuerdo que estábamos buscando dónde se estructuraría la Unidad. Los fines de semana salía con mi familia a buscar terrenos en la zona norte, de forma inocente, porque no era fácil encontrar espacios de aproximadamente 20 hectáreas. Mis hijos, que en ese entonces eran pequeños, ya estaban fastidiados de realizar esa actividad a mi lado. Me acuerdo que encontramos varios: uno muy lejos, por el rumbo de Satélite, y otro por Vallejo; éste último tenía una superficie muy buena, con una capilla en el centro de la propiedad, pero la dueña, muy adinerada, vendía todo el terreno menos el pedazo de la capilla; obviamente no aceptamos. Finalmente, encontramos el terreno donde estamos ahora, que era una milpa, una zona de establo. Lo peor era que estaba cerca del rastro de Ferrería donde algunas tardes de la semana quemaban huesos y, ¡era una peste insoportable!; muy desagradable, a diferencia de los olores de la Bimbo… el olor a pan, canela y vainilla, ¡delicioso!

         No había nada, todo teníamos que crearlo: las carreras a impartir, decidir cuántos profesores íbamos a necesitar, cuántos salones de clases y oficinas así como la ubicación y el tamaño de la biblioteca. Inicialmente, se había pensado que cada Unidad tuviera solamente dos Divisiones. En Azcapotzalco, planeamos que hubiera algunas nuevas y otras tradicionales, pensando en que las nuevas tardan un tiempo en atraer a los alumnos y, además, la UAM, desde que empezó, se dio cuenta que tenía que competir contra la UNAM y el Politécnico. Había que atraerlos con estrategias, y éstas las desarrolló Casillas a la perfección.

         Cuando comenzamos a trabajar —en dos edificios situados en lo que ahora es el parque Tezozómoc—, enfrentábamos situaciones difíciles ya que no existía la avenida Aquiles Serdán ni el eje 5 Norte, lo que complicaba llegar. Todo era improvisado y, cuando pudimos, nos cambiamos a la sede de la Unidad, pero aquí no había agua ni drenaje; no había nada, todo era campo. Pero lo que más extraño es que la gente trabajaba mucho. Llegábamos temprano, comíamos aquí, nos íbamos tarde; era un trabajo frenético y nadie se quejaba. Al contrario, todo mundo se afanaba con mucho entusiasmo; ahí empezó a forjarse el cariño por la institución.

         Estábamos orgullosos de la nueva Universidad. Recuerdo que cuando invitábamos a algún profesor le decíamos:

            —Oye, ¿no quieres venir a trabajar con nosotros?,

            —¿A dónde?

            —Pues en el norte.

            —Sí, pero ¿dónde?

            —Pues no sabemos, es una nueva universidad.

       No sabíamos que contestar. Muchos se animaron por esa sensación de crear una nueva institución educativa. Es motivo de gran orgullo ver cómo ha crecido nuestra casa de estudios, y no tanto físicamente, sino en el alma de la institución.          Actualmente, la UAM se ha desarrollado muchísimo. No tenemos todo lo que quisiéramos pues no es fácil —subrayó González Cuevas, quien llegó a ser director de CBI en la UAM-A, y después, rector general-; faltan más recursos. Siento que el terreno nos quedó chico, pero no se tenía claro el área que se necesitaba. Los frutos del trabajo se han cosechado en la calidad de la investigación, de los profesores y egresados, de la producción académica y los posgrados. Eso la ha convertido en una institución importante.

       Por todo esto y más, ¡la UAM es mi vida!

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Acerca de alephUAM_A

Sección de Información y Divulgación, UAM Acapotzalco
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