El diablo, en la UAM Azcapotzalco


En diciembre pasado, el Taller Universitario de Teatro (TUT) de la Unidad Azcapotzalco, dirigido por el profesor Juan Pablo Villalobos, presentó en el auditorio Incalli Ixcahuicopa la pastorela El portal de Belén (1950), de Enrique Alonso “Cachirulo”, en la que, con un toque de humor y atmósfera provinciana, los alumnos integrantes de este grupo artístico interpretaron a José y a María, así como a los diablillos y pastores en su clásica batalla entre el bien y el mal.

       Los integrantes del TUT interpretaron cómo la pareja habría de llegar a Belén para que ella diera a luz al divino niño Jesús, quien traería paz y esperanza al mundo. Sin embargo, el maligno Luzbel tramó una serie de enredos para impedir que les dieran posada a los Santos Peregrinos, e instruyó a Pingo, su lacayo, para sembrar entre los lugareños las envidias y las desavenencias.

       Con un costal de artimañas y mentiras, éste intentó poner en contra a todos los personajes: pretendió separar a las parejas y enemistar a los amigos, y hasta ofreció oro para que el niño no naciera por allí. Las tentaciones fueron grandes y algunos estuvieron a punto de caer en la trampa. Finalmente reinó la cordura y se rechazaron las incitaciones. El portal de Belén, como toda pastorela, tuvo un edificante final feliz.

Cabe destacar que este género teatral tiene un origen pastoril como forma musical —el nombre “pastorela” proviene de la voz francesa pastourelle—, con ritmo sencillo y alegre. Como composición poética, tuvo especial desarrollo entre los juglares provenzales en Occitania, Cataluña y Galicia. En nuestro continente se desarrolló —a partir del siglo XVI— como un género dramático-religioso, similar a los autos de Navidad, arraigando especialmente en México.

          La primera pastorela representada en la Nueva España (traída por los franciscanos para evangelizar a los nativos), La adoración de los magos —ideada por fray Andrés de Olmos—, fue escrita en náhuatl para facilitar a los indígenas su comprensión. Danza, música y flores en abundancia (elementos esenciales de cualquier celebración mexica), fueron los elementos utilizados por De Olmos para que esta escenificación fuera aceptada por los nativos. Tanto gustaron que, desde entonces, las pastorelas han formado parte indispensable de las fiestas navideñas en nuestro país.

Fotógrafo: Jorge Darío Perea Juárez

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Sección de Información y Divulgación, UAM Acapotzalco
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