Los plaguicidas pueden provocar alteraciones en el aparato reproductor de los niños


POR MARÍA GUADALUPE SALAZAR MONDRAGÓN

En el marco del Ciclo de Conferencias organizado por el Área de Química de la División de CBI en la UAM Azcapotzalco, la doctora Carmen Estela Loreto Gómez presentó su investigación enfocada a las alteraciones provocadas en la glándula tiroides, derivadas de la exposición a compuestos químicos presentes en pesticidas ya prohibidos internacionalmente, pero que —a partir de la Segunda Guerra Mundial— se estuvieron usando para combatir a las plagas que ocasionan enfermedades epidémicas (especialmente paludismo) en zonas cercanas a los diferentes lagos de nuestro país. En la región agrícola de Sonora —donde la investigadora desarrolló su estudio— se utilizaron por ser una zona palúdica.

            Es la primera vez que en la UAM-A se presenta una investigación que relaciona la influencia de los citados desechos orgánicos, denominados “persistentes”, con alteraciones en la glándula tiroides de los fetos (a los cuales llegan por el torrente sanguíneo de la madre) que les provocan afectaciones en su aparato reproductor. Según Loreto Gómez, se pretende detectarlas desde la etapa prenatal.

            En su conferencia titulada Exposición prenatal a compuestos orgánicos persistentes y su asociación con la distancia anogenital (DAG) en niños en Sonora, la ponente explicó que los refrigerantes y componentes aislantes, los aceites para transformadores, los plastificantes para material sintético o los protectores para maderas expuestas a la intemperie, entre otros, son productos que se fabrican con compuestos químicos llamados Policlorobifenilos (PCBs), que al final de su vida útil suelen convertirse en desechos conocidos como Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPs), llamados así porque resisten la degradación fotoquímica, química y bioquímica, lo que da lugar a que su permanencia en el ambiente sea elevada. Los plaguicidas (insecticidas, fungicidas, herbicidas), dioxinas y furanos también forman parte de esas sustancias químicas sumamente tóxicas y perdurables.

          Ante ese panorama, en diversas partes del mundo se realizan estudios acerca de los efectos que estos contaminantes pueden ocasionar en la salud. Entre otros hallazgos, la académica encontró —como se mencionó arriba— que entran al cuerpo humano a través de la cadena alimenticia y, debido a que son solubles en grasas, fluyen por la grasa corporal de las mujeres embarazadas hasta el torrente sanguíneo; por lo tanto, los niños en etapa prenatal pueden estar expuestos a ellos a través de la placenta; se cree, incluso, que el traslado de estas sustancias en la sangre pudiera persistir de generación en generación.

            Loreto Gómez corroboró que los plaguicidas citados (específicamente los compuestos conocidos como PCB tipos170, 28 y 74) están relacionados con la disfunción endócrina que, al parecer, afecta la distancia anogenital que se manifiesta más corta en los niños que presentan la alteración orgánica conocida como “disgenesia testicular”, o más amplia, en el caso de las niñas como “disgenesia ovárica”. Asimismo, subrayó que en su investigación esperaba encontrar asociaciones con el DDT —por haber sido un insecticida común en otros tiempos—, pero éste no resultó ser determinante en las alteraciones orgánicas que se observaron.

           A decir de la especialista, la importancia de esta información radica en que da idea de cómo será la función reproductiva de estos niños en su vida adulta, debido a que esta afectación se relaciona con la baja calidad del semen (en el caso de los hombres) y en problemas de fertilidad en ambos sexos. De estandarizarse, el monitoreo de la DAG sería un indicador clínico que permitiría prevenir, a una edad temprana, sobre futuras alteraciones reproductivas e intervenir en su regulación.

         Por el momento, su trabajo sólo aporta evidencia para confirmar este tipo de disfunciones y coincide con investigaciones desarrolladas en Grecia y otros países de Europa, donde han encontrado que la DAG puede relacionarse, incluso, con la aparición de quistes y con un potencial de cáncer en mama y ovarios.

            Comentó a aleph que su interés por el tema derivó del producto terminal con el que la especialista se doctoró en Salud Ambiental, en el Instituto Nacional de Salud Pública, en donde también cursó la maestría.

            Pionera en la UAM con esta temática, expresó que lo ideal sería realizar estos estudios de manera colaborativa al interior de esa casa de estudios y entre instituciones a nivel nacional e internacional.

                 Informó que en breve se abrirá esta línea de investigación en el Departamento de Ciencias Básicas —al cual pertenece—, en el área de Ingeniería Química de esta Unidad, dado que un equipo de académicos ha mostrado interés en participar en ella; además, contará con la colaboración de la Universidad de San Luis Potosí y probablemente se incluya a investigadores de la Unidad Iztapalapa.

            La experta está por presentar un protocolo para medir hidrocarburos aromáticos que también son cancerígenos; pretende hacer mediciones en artesanos expuestos a esas sustancias, con el objetivo de desarrollar indicadores que sean útiles también para la detección de diversos tipos de ese padecimiento.

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Acerca de alephUAM_A

Sección de Información y Divulgación, UAM Acapotzalco
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