Recuerdo con nostalgia las conversaciones multidisciplinarias de pasillo: Hugo Eduardo Solís Correa


  • Los fundadores, a 43 años

POR GABRIELA MIRANDA PONCE

Ingresé a la UAM Iztapalapa, un 2 de septiembre de 1974 (por eso mi número económico es el 00553), por invitación del profesor que en ese momento era mi tutor de tesis de la maestría en Química Inorgánica, y quien era jefe del Departamento de Física y Química de esa Unidad. Allí estuve dos años. Había mucho trabajo: elaborar planes y programas de estudio, comprar equipo de laboratorios, crear instalaciones…, muchísimo qué hacer, tanto como en esta Unidad en esa época. En ésta última abrieron un método novedoso, el Sistema de Aprendizaje Individualizado (SAI). Atraído por él, en 1977 pedí transferir mi plaza de Iztapalapa a Azcapotzalco y me lo concedieron rapidísimo: lo solicité en enero ¡y en agosto ya estaba aquí!

            Durante tres años participé en el SAI. Los programas —que contenían una parte motivacional para los alumnos— incluían referencias bibliográficas, ejercicios y todo lo que consideráramos que les sería útil para que, al terminar el curso, hicieran el examen. En este sistema no se les obliga a asistir a conferencias; se preparan individualmente, se les entrega su examen cuando lo solicitan, lo aplican en hora y media y se califica dialogando con ellos. Si aprueba la unidad, pasan a la siguiente o, en caso de reprobarla, la recursan. Así es como sigue funcionando hasta la actualidad.

           A medida que se fue consolidando la docencia, se vivió un proceso de discusión para conformar la infraestructura orgánica y financiera que posibilitara su desarrollo. Entre los logros obtenidos está la definición de las áreas de investigación y su ubicación dentro del presupuesto de egresos. Como profesor fundador, fui elegido para participar en el proyecto.

            Entre años sabáticos y proyectos de investigación —que no siempre concluí porque me llamaban a participar en cargos administrativos—, elaboré mucho material didáctico y un libro que fue publicado por varias editoriales. Mi formación como químico me ha permitido participar en investigaciones acerca del tratamiento del agua y, desde 1998, he tenido alumnos que quieren hacer conmigo su servicio social o el proyecto terminal sobre ese tema, y acerca de una estufa ecológica basada en energía solar.

            En 1979 pasé a ser jefe de Área, un cargo administrativo muy elegante. ¡Fue un honor! Me encantaba estar al servicio de profesores tan brillantes como los de la UAM, brindarles calidad en su área de trabajo y facilidades en los laboratorios, que tuvieran los reactivos necesarios.

            Cuarenta años después, me doy cuenta que la Unidad ha crecido más de lo previsto. También se han generado normas, lineamientos, criterios y demás; esto cambia el ambiente de trabajo. Al inicio, cuando íbamos a la cafetería, absolutamente todos nos conocíamos: los de sociales, diseño, ingeniería e intendencia, entre otros. Actualmente, uno va ahí y ya están divididas las filas; eso hace lento el servicio y es difícil revivir la convivencia de los 80.

            Recuerdo con cierta nostalgia las conversaciones multidisciplinarias de pasillo: uno se encontraba con Gilberto Calderón de CSH, José Revueltas de CyAD, una secretaria, el rector, los alumnos. Esa multidisciplinariedad ahora sólo la tenemos con los estudiantes y en espacios muy reducidos.

            En 40 años ya me he peleado con fulano, mengano y zutano; ya son muy pocos los amigos que me quedan (dice entre risas). Es natural, lo siento casi como sucede en la familia: aunque sea pequeña o numerosa, siempre hay diferencias entre hermanos. Hemos pasado por muchísimos desacuerdos porque somos un colectivo muy unido; hay razones para decir: “¿por qué a ti te dieron esto y a mí no?”, pero con mi cargo en la jefatura del Departamento de Química tuve la oportunidad de reconciliarme con mucha gente.

            Me acuerdo que la Ley Orgánica fue dada por la Cámara de Diputados en enero de 1974, y ese era nuestro marco legislativo. Años después ya había Reglamento Orgánico, que vino a darle forma y dirección a las actividades de los órganos colegiados; esto ha dado lugar a un ambiente de trabajo dinámico, donde todos tenemos la oportunidad de participar en la organización y administración o ser parte del comité de estudios de las carreras.

            ¡Me siento plenamente realizado y orgulloso de haber sido fundador!

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Acerca de alephUAM_A

Sección de Información y Divulgación, UAM Acapotzalco
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Una respuesta a Recuerdo con nostalgia las conversaciones multidisciplinarias de pasillo: Hugo Eduardo Solís Correa

  1. Jorge Rodriguez dijo:

    Yo también siento nostalgia por las conversaciones con Hugo

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