El tren que conectaría la capital con el Estado de México, ocasionará afectaciones a cinco parques nacionales


POR JUAN MANUEL TIRADO JUÁREZ

En años recientes la administración federal ha emprendido una serie de proyectos de gran calado, orientados a facilitar el tráfico vehicular en los alrededores de esta capital, como ha sido el caso de los circuitos que conectan a varias regiones aledañas pero que también tocan zonas de la Ciudad de México, como la “Supervía poniente” que pasa por Santa Fe y se extiende al norte de Mixcoac. Asimismo, el gobierno federal redobla esfuerzos para intentar concluir en este año, tal como lo había anunciado, la infraestructura para que corra un tren interurbano que una a esta metrópoli con Toluca, en el Estado de México, y que eventualmente se extienda hasta el nuevo aeropuerto, en el oriente de la capital del país, lo que constituirá otra de las llamadas “Megaobras”.

            Respecto al tren que conectaría esta capital con el Estado de México, si bien por intereses diversos existe la necesidad de enlazar a esos dos polos, la polémica obra trae aparejados impactos sobre la población y el medio ambiente, aseguró el doctor Jesús Carlos Morales Guzmán, profesor del Área de Sociología Urbana del Departamento de Sociología de la UAM Azcapotzalco, durante una entrevista sostenida con este medio en el marco de las jornadas del Seminario Procesos socio-espaciales en las periferias de las ciudades.

            La construcción de ese medio de transporte —según denuncias de comuneros, ejidatarios, organizaciones no gubernamentales y ecologistas—, ocasionará daños a los bosques y a la recarga de los acuíferos; sin embargo, ningún argumento ha logrado frenar las obras. El especialista subrayó que esa línea de ferrocarril “tendrá afectaciones muy importantes” sobre cinco parques nacionales —entre éstos, el del Ajusco— y varias reservas naturales. Esos megaproyectos, consideró, que someten a una “lógica comercial el conjunto de necesidades de los habitantes, se han realizado a costa de sacrificar áreas naturales”, además de impactar en la vida de los pueblos ubicados a lo largo de la vía.

            El experto señaló que esa obra (al igual que otras) se impuso a la población pues no se realizaron consultas previas. En algún momento, recordó, los lugareños de Santa Fe se organizaron y lograron que se modificara la ruta, pues pasaba por encima de su pueblo. Si bien ese nuevo trazo se extiende por diversos terrenos federales, aun así “las afectaciones son muy importantes”.

            Al comentar sobre las responsabilidades oficiales por los estropicios ocasionados a esas zonas verdes de recarga y producción de oxígeno, subrayó que se ha vuelto una práctica común que los gobiernos “cada vez se hacen menos responsables de las afectaciones”. Aunado a ello, resaltó la opacidad con la que se maneja ese megaproyecto, lo que impide conocer fehacientemente el costo de la construcción; los retrasos en las entregas de las obras ocasionan que las estimaciones iniciales se eleven, “muchas veces duplican o triplican su valor”.

            Destacó que el Seminario representa una oportunidad para “ver qué mecanismos ciudadanos tenemos para incidir en la gestión de la ciudad”, pues al final existen una afectación general y un beneficio particular. “Se vuelve un reto muy importante pues si no escuchan a los ciudadanos, ellos se hagan escuchar”.

            Durante la sesión inaugural, la doctora María Soledad Cruz Rodríguez, coorganizadora del Seminario y jefa del Área de Sociología Urbana, destacó que los procesos que se dan al extenderse las manchas urbanas están marcados —casi invariablemente— por la conflictividad, pues se ven involucrados actores con intereses muy diversos, como los ejidatarios y los habitantes originarios de los pueblos y los nuevos vecinos que llegan a asentarse en los fraccionamientos o conjuntos habitacionales. Algunas de las principales disputas surgen por el agua y el territorio.

            Las nuevas periferias son el fruto de las transformaciones de las urbes latinoamericanas ocurridas en los últimos años como resultado de las políticas neoliberales entre otros factores, que han ocasionado que el gobierno se retire de actividades en las que antes jugaba un papel, y en donde ahora entran en juego las fuerzas del mercado. En esas periferias se atestigua la inversión de los capitales privados que llegan a imponer transformaciones territoriales, y que, en su momento, desplazaron a organismos como el Infonavit o el Fovissste.

            En el caso de esta metrópoli, es significativo el crecimiento en el oriente, en específico en la zona de Ixtapaluca, Estado de México, donde se realizaron importantes desarrollos inmobiliarios, del orden de las 20 mil viviendas y a donde llegaron alrededor de 80 mil nuevos pobladores. En esa región, hasta los años 90 del siglo pasado todavía predominaban las actividades rurales pero esa vocación se ha ido modificando, comentó la doctora María Teresa Esquivel, también organizadora de esta actividad. En su ponencia La periferia metropolitana: espacio de contraste e imaginarios encontrados, aseguró que el crecimiento en ese sitio se dio por la cercanía con esta urbe pero también porque las empresas consiguieron terrenos baratos para así “ofrecer vivienda a la gente de escasos recursos”.

            Ahí, señaló, los habitantes originales y los de las colonias populares, intentan preservar sus costumbres y tradiciones y, en ocasiones, entran en conflicto con los residentes de los conjuntos quienes llegan con otra manera de apropiarse de su territorio; hay también roces porque los fraccionamientos cuentan con servicios —como agua potable, drenaje, pavimento y algunos equipamientos—, mientras que existen lugares de Ixtapaluca que no cuentan con éstos. Sin embargo, dijo, pareciera que la delincuencia y la inseguridad van a la alza. “El modelo neoliberal ha creado ese tipo de periferia conflictiva”, en donde no se han “logrado encontrar los espacios colectivos”, ni existe “claridad acerca de las obligaciones del municipio” y de los residentes de los conjuntos habitacionales. Además, hay espacios que se han convertido en “tierra de nadie”.

            Por su parte, la doctora Cristina Sánchez Mejorada, una de las organizadoras del Seminario, ha centrado su interés en la zona poniente de esta capital, en las colindancias de las delegaciones Álvaro Obregón y Cuajimalpa. En esas periferias, los pobladores han sentido el impacto de las transformaciones. Citó que el recambio generacional ha ocasionado que la vocación rural haya ido menguando; los hijos ya no tienen la cercanía con la tierra y los ejidatarios han vendido o cambiado el uso de los terrenos. En esas condiciones, las inmobiliarias aprovechan para emprender sus negocios, muchas veces sin que las autoridades tengan algún reparo. Citó el caso de Santa Fe, otrora zona de basureros y de tierras ejidales, en donde el boom inmobiliario permitió que decenas de empresas, diversos centros comerciales y miles de habitantes se asentaran desde hace varios años.

            La doctora Yadira Mireya Méndez Lemus, especialista del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental de la UNAM, ubicado en Morelia, Michoacán, expuso un estudio realizado en el municipio de Tarímbaro, en ese estado. Señaló que a nivel mundial se han acelerado los procesos de urbanización, que acarrean —entre otras manifestaciones— la creciente población que se extiende hacia las afueras de los centros urbanos y, en muchas ocasiones —como es el caso de ese municipio—, los conjuntos habitacionales se erigen en zonas de reservas agrícolas de buena y excelente calidad, situación que afecta a las poblaciones originarias. En nuestro país, observó, las ciudades han presentado crecimientos mayores a la media nacional y al mismo tiempo ha crecido la población considerada pobre.

            Las periferias, aseveró, están relacionadas con ese aumento de pobres y con las migraciones; los migrantes generalmente se asientan en zonas irregulares y son también los más segregados; asimismo, en esas interrelaciones se atestiguan relaciones de poder que modulan o restringen el acceso a esos territorios. En Tarímbaro si bien los conjuntos y los fraccionamientos construidos en la región inducen cambios en la zona, “la persistencia de las actividades agropecuarias” entraña “una forma de resistencia”. Los agricultores de esa región —en donde la tierra es fértil y cuenta con acceso al agua— siguen “cumpliendo una función de importancia para el desarrollo local” y para la producción de alimentos “a costos accesibles.”

           La doctora Carolina Inés Pedrotti, adscrita al Colegio Mexiquense, compartió la situación que se registra en la periferia de la capital del Estado de México: desde principios del siglo se han edificado decenas de conjuntos habitacionales, en los cuales hay más de cien mil viviendas autorizadas. En su ponencia Los conjuntos urbanos en la Zona Metropolitana de Toluca. Gestión local del espacio residencial, mercados emergentes, apuntó que mientras están en vías de ocuparse, los fraccionamientos son operados por las inmobiliarias las cuales proporcionan algunos servicios, como las administración y el mantenimiento o el transporte pero, una vez que se municipalizan, el cabildo se hace cargo de los servicios pero también los vecinos se involucran en la gestión.

            Sin embargo, la situación se complica pues los municipios no tienen la capacidad ni los recursos para atender a una población —en ocasiones— cuatro veces mayor que la original. Es común, apuntó, que los vecinos se organicen para resolver diversas necesidades y, de igual manera, es habitual que haya porcentajes considerables de viviendas deshabitadas porque no se han vendido u ocupado, o porque podrían haber sido abandonadas.

            A lo largo de tres jornadas, el seminario abordó la discusión sobre el hábitat popular en la expansión urbana, los procesos jurídicos de la propiedad, riesgo, vulnerabilidad y resiliencia, y el tema de la gobernanza urbana y metropolitana. Como fruto de las ponencias y de las discusiones, se tiene planeado editar una memoria, un “documento que plasme las diversas perspectivas de los problemas”, finalizó la doctora Cruz Rodríguez.

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Sección de Información y Divulgación, UAM Acapotzalco
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